miércoles, 23 de abril de 2014

III

No sé en que lugar de tus espacios está.



Eres tú, con la tristeza encerrada en los labios,
en esa silla azul
en la que descansa la vida recuperada de un sueño,
hirviendo de silencio y soledad,
escondido tras la penumbra,
como si quisieras evitar tu mirada…

Recuperas la fuerza y el miedo a perder la sonrisa,
miedo y fuerza que salen de ti,
sin que lo sepas,
porque tu fuerza te mantiene
y tu miedo te levanta de cada caída.

No soy ángel ni demonio que te guía,
no soy madre, santa o virgen.

Eres tú con tu fuerza quien construye,
quien destroza, quien sonríe,
quien se lamenta y quien goza.
Eres tú quien, con el perdón que pides,
concedes el perdón a quien te lleva de la mano hacia el abismo.
Eres tú quien se sumerge en el mar del recuerdo,
quien gime y pide clemencia,
quien se balancea en la cuna infinita del amor,
buscando la paz que llevas en tu espíritu.



sábado, 29 de marzo de 2014

XX - EL TÉ

LUZ

Té he vertido en tu taza…
he endulzado su amargura…
Té transparente y ambarino
espera cerca de tu almohada.

Té acicalado con canela
he puesto al lado de la cama.
Té caliente y acogedor
te arropará en esta gélida mañana.

Té silencioso, cristalino,
como el que cada tarde,
tus hábiles manos preparan.

Este té desprenderá tus nieblas,
pues es el té que te sonríe,
el que te acoge y te calma,
el té que han preparado mis sueños
mientras tus sueños dormían,
soñando con un té de madrugada.

Té, tomado a sorbos,
de tu mano en mi mano,
de mi mano en la tuya,
cucharada a cucharada,
de nuestras mejillas,
cálido beso,
que nos despierta al alba.

sábado, 22 de marzo de 2014

A NORA

Enrique G. A.

Nunca se parara a pensar no significado da primavera. Tampoco no do inverno ou no do outono. Tan sequera pensara no verán. No único no que se fixaba era no tendal da casa de en fronte, sempre coas fiestras pechadas, pero no que, cada día mudaban as cores das sabas, dos calcetíns, das camisas, os vestidos, os calzóns, as bragas e os pixamas.

Un día que estaba ocioso, deulle por tirar pedriñas, daquelas que trouxera do monte, contra os cristais da fiestra. De repente, viu descorrer os lenzos azuis e, no van, apareceu a figura dunha fermosa rapaza de pelo escuro e mirada verde. Levaba unha camiseta amarela e arredor do pescozo un colar de contas que semallaban gaivotas. Quedou mudo ao vela e, co medo a ser descuberto, foise escorregando na cadeira ata quedar sentado no chan. Deixou pasar uns minutos antes de volver asomar os ollos por enriba da mesa. A fiestra volvía estar tapada cos lenzos azuis.

Unha mañá de domingo, desas que regala o bo tempo cando se achegan as flores, deixou o seu acubillo de inverno e marchou da casa, coa intención de pasear. No portal da casa estaba a moza de pelo escuro e mirada verde, coa súa camiseta amarela e as gaivotas penduradas do pescozo. Ela, ao velo, sacou do peto unhas pedriñas e amosoullas...